Jueves, 16 Noviembre 2017 20:51

¿Es ético realizar la psicoterapia en el “espacio virtual”? – Parte 2

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 Luego de hacer una exploración por las entidades reguladoras de la ética en la práctica profesional de la psicología y por la literatura que sobre el tema se ha creado, podemos afirmar que es ética la práctica de la psicoterapia online, siempre y cuando se manejen los estándares mínimos que, de tiempo atrás se vienen dando en la psicoterapia tradicional (cara a cara o “presencial”) con dinámicas y elementos fundamentales, tales como el consentimiento, la privacidad y confidencialidad, la idoneidad, preparación académica y experiencia del psicólogo, la claridad en los objetivos, procedimientos y tratamiento de la información, el respeto al cliente, la escucha, el ambiente, etc.

 

Por otra parte, hay que tomar en cuenta que de lo que al realizar psicoterapia online, se trata es de realizar un ejercicio puro de psicoterapia que va a diferenciarse únicamente en el medio en el que se lleva a cabo, es decir, los elementos esenciales de la psicoterapia, como la escucha, la palabra (escrita o hablada) como vehículo de expresión del síntoma, la transferencia y la cotransferencia entre el terapeuta y el cliente y la subjetividad, también entran en juego en un espacio virtual mediado tecnológicamente. Desde ese punto de vista, solamente se debe articular los principios éticos del trabajo en psicoterapia con aspectos prácticos y especiales del ámbito de lo virtual y/o tecnológico.

 

En el espacio físico presencial, se debe tener la debida acreditación como profesional de la psicología para realizar psicoterapia. Dicha acreditación (títulos académicos, tarjeta profesional, colegiaturas y membresías ante colegios de psicólogos, certificados vigentes ante tribunales de ética, etc.) también se puede (y se debe) hacer para prestar servicios de psicoterapia online y casi de la misma forma en que los clientes pueden corroborar la veracidad de la acreditación en el servicio tradicional, también se puede hacer para el servicio prestado de forma virtual u online. En ambos casos las responsabilidades frente a la ley y los tribunales de ética son los mismos, en cuanto a la base científica de la práctica y la idoneidad (ver Directrices para la práctica de la Telepsicología de la APA http://www.apa.org/practice/guidelines/telepsychology.aspx ).

 

Otro aspecto de vital importancia, es lo que tiene que ver con la privacidad y confidencialidad, que tanto en el campo de la psicoterapia tradicional como en la modalidad online, se coordina desde un sitio (consultorio físico o virtual) perteneciente o relacionado a un profesional, por lo cual las regulaciones éticas respecto de la confidencialidad están presentes en ambas prácticas, la diferencia radica en que en la psicoterapia online se debe ser explícito en lo referente a los mecanismos de protección y manejo de datos. Casi todos los países cuentan con leyes de protección de datos y el psicólogo al existir en un espacio físico en donde se regula su práctica profesional estaría cobijado por dichas leyes haciéndose responsable del manejo de los datos e información.

 

También se habla de la pérdida del lenguaje no verbal y la subjetividad en la psicoterapia online, para lo cual se tiene que no es una pérdida total, puesto que el lenguaje no verbal en su función, de dejar de ser evaluadas por la expresividad física y pasar ser evaluado por la expresión de escritura estilística (Kaplan, 1997). De igual manera, en consultas telefónicas y/o por videoconferencia, es fácilmente posible evaluar gestos, pausas, tonos, etc. Es evidente que al tratarse de contactos humanos, así éstos sean mediados por las tics, siempre van a estar implícitos los mecanismos de la subjetividad, inherentes al nuestra especie. Ejemplo de ello, son las sensaciones y emociones que pueden despertarse en “contactos humanos” como el cine, la música o simplemente una llamada telefónica, en la cual a partir de un mensaje, el receptor de éste es susceptible de elaborar un entramado emocional particular de acuerdo al momento específico de su vivencia actual. Otro ejemplo son las transformaciones sociales que se producen en un híbrido de ciberespacio y espacio urbano, denominado por (Castells 2012) como espacio de la autonomía al referirse a movimientos sociales iniciados en el ciberespacio y cristalizados en espacios urbanos de alto contenido simbólico como en el movimiento de los indignados o la plaza Tahrir en el Cairo.

El psicólogo que practica la psicoterapia online se parece tanto a un “terapeuta ciego”, toda vez que dirige su atención a la forma y contenido de los mensajes que llegan, consiguiendo lo \\\\\\\"no verbal\\\\\\\" a través de textos. La habilidad, experiencia y el conocimiento individual que adquiere de sus clientes permite la incautación de otros tipos de información que a menudo no son percibidos en el contacto personal, como el estilo de escritura. 

Finalmente, en aras de una práctica de psicoterapia online se debe ser riguroso en clarificar la información con respecto al costo, duración y modalidad de las sesiones, el cuidado del acceso a este servicio de menores, las acciones que deben realizarse para proteger al paciente en situaciones de crisis, la advertencia de problemas técnicos que puedan surgir, así como también la mención de aquellos problemas o trastornos que se consideran inapropiados para realizar psicoterapia a través de Internet. (Giles, 2000).

Referencias

  • CASTELLS, M. (2012). Redes de esperanza e indignación. Madrid: Alianza Editorial.
  • Directrices para la práctica de la Telepsicología de la APA http://www.apa.org/practice/guidelines/telepsychology.aspx
  • Giles, M.V. (2000). Aspectos éticos y legales de la implementación de la psicoterapia a través de Internet. Ponencia. X Congreso Argentino de Psicología. Rosario. 2000, Octubre, 26,27 y28.

 

 

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